Si hace unos años alguien me hubiera dicho que iba a disfrutar tanto escribiendo, me habría reído. La verdad es que nunca me consideré escritora. Mi primera carrera fue Odontología y durante mucho tiempo pensé que ese sería mi único camino. Pero la vida, con sus giros inesperados, me regaló una nueva pasión: escribir.

Todo comenzó en 2020, cuando el mundo entero se detuvo por la pandemia. Como tantas personas, pasaba mucho tiempo en casa. En medio de aquella pausa global nació AndyLife, un blog sencillo en el que empecé a compartir recetas caseras. Cocinar siempre ha sido una forma de expresarme y, en aquel momento, sentía la necesidad de conectar con mis seres queridos, aunque fuera a través de una pantalla.

Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió en una hermosa forma de comunicación. Una de las cosas que más disfruté fue preparar un pequeño libro digital para San Valentín: tenía ideas de desayunos, bebidas, postres y almuerzos, con su lista de la compra incluida. Era mi manera de decir: «Estoy aquí; seguimos conectados, aunque estemos lejos». Recibir mensajes de amistades y de personas que me seguían, que habían probado las recetas y se habían sentido acompañadas, fue muy especial para mí.

Lo curioso es que entonces no tenía estudios formales de escritura. Solo quería compartir lo que sabía, escribir como hablaba, con cariño y sinceridad. Poco a poco entendí que escribir también era sanar, construir y crear comunidad.

Hoy tengo la bendición de estudiar Comunicación de manera formal y disfruto cada momento. Aprender sobre estilo, estructura y narrativa ha sido un regalo que me conecta aún más con aquel primer impulso que nació en casa, con una receta y una historia.

La escritura me encontró en un momento de pausa y me enseñó que, a veces, lo que parece un simple pasatiempo puede convertirse en parte de tu propósito.

Y así, con letras sencillas y mucho corazón, empecé este camino.

¿Por qué empecé a escribir?
¿Por qué empecé a escribir?
¿Por qué empecé a escribir?