Duluth y Minneapolis: cómo Minnesota se volvió hogar (y unas galletas lo recuerdan)
El hogar también vive en los sabores: mi conexión con Minnesota y la emoción detrás de unas pumpkin chocolate cookies familiares.

Minnesota: cuando el hogar no es un lugar, sino las personas
Mientras vivía entre Washington D.C. y Virginia, construí relaciones que marcaron mi vida: amigos que, con el tiempo, se convirtieron en familia. Y así, casi sin planearlo, una parte de mi historia en Estados Unidos terminó conectándose con un lugar que nunca imaginé sentir tan mío como Minnesota.
Al principio, Minnesota era para mí "ese estado frío" del mapa. Pero todo cambió cuando empecé a visitarlo y a pasar tiempo allí. Entre Minneapolis y Duluth, encontré algo difícil de explicar si no lo has vivido: esa sensación de hermandad que se siente en el ambiente, como si el hogar no fuera una dirección, sino una mesa compartida, una conversación sin prisa, un abrazo que llega justo cuando lo necesitas.
Duluth y Minneapolis: dos ciudades, una misma sensación
En mi último verano en Estados Unidos, viajé a Minnesota para visitar a mis amigos. Unos vivían en Duluth, otros en Minneapolis, pero para mí todo se sentía como un solo lugar: el mismo cariño, la misma energía, el mismo "aquí perteneces". Comí comida que me hizo sentir en casa y confirmé algo que hoy llevo conmigo: a veces el hogar se reconoce en el primer bocado.
Con el tiempo, otros amigos míos también se mudaron a Minnesota y ese estado dejó de ser "muy frío" para convertirse en un lugar cálido por dentro. Un lugar donde se siente hogar porque hay gente que te hace sentir parte.
Pumpkin chocolate cookies: una receta que sabe a familia
Años después, ya viviendo en España, compartí con mi amigo Cameron un momento que guardo con muchísimo cariño: decidimos cocinar unas pumpkin chocolate cookies (galletas de calabaza con chocolate), las famosas galletas que su mamá y su familia habían preparado durante muchos años. No era solo hacer un postre. Era recrear un ritual. Era traer un recuerdo al presente y decir, sin decirlo: vamos a sentirnos en casa, aunque estemos lejos.
Y ahí entendí algo más profundo: hay recetas que no solo alimentan, sino que también conectan. Conectan con una historia, con una mesa, con un "nosotros".
Hacerlas hoy: cómo el hogar vuelve en forma de olor
Hoy vivo muy lejos de Minnesota, pero sigo conectada a ese lugar de muchas maneras. Apoyo a los Vikings; tengo fotos preciosas de Duluth (uno de mis sitios favoritos) y varios de mis amigos de Minnesota incluso han visitado España. Y hoy volví a hacer esas pumpkin chocolate cookies.
Mientras leía la receta que yo misma había escrito, recordé exactamente cuándo la anoté: cuando estaba con Cameron. Recordé cuando las preparamos para Thanksgiving y también cuando las hice para recordárselo cuando regresó a Estados Unidos. Hoy las hago porque el hogar llega de distintas formas: por los recuerdos, por los olores, por la comida, por las fotos… por esos detalles que te devuelven a un lugar donde fuiste feliz.

Migrar también es aprender nuevas formas de hogar
No sé si estoy autorizada para compartir la receta exacta de la familia de Cameron, pero sí puedo compartir esta verdad: muchas comidas que probamos a lo largo de la vida se vuelven anclas emocionales. A veces no vienen de nuestro país de origen, pero se convierten en hogar porque se mezclan con personas, momentos y amor.
Y eso también es migrar: aprender que el hogar puede tener muchos acentos… y muchos sabores.
