Choque cultural en España: lo que me costó adaptarme en Málaga (y lo que me ayudó)
Mudarte no es solo cambiar de país. Es cambiar de ritmo, de códigos, de formas de hablar, de cómo se hacen las cosas y —sin darte cuenta— hasta de cómo te miras a ti misma. En mi caso, Málaga ha sido un lugar hermoso para empezar de nuevo, pero también un lugar donde me he enfrentado a choques culturales que no aparecen en los videos de "Vida en España".
Lo más fuerte no es lo evidente. No es el idioma (porque hablamos español). Lo más fuerte es lo sutil: lo que "se supone" que ya deberías entender… pero nadie te explicó.
Aquí te cuento lo que a mí me costó y lo que me ayudó, sin drama, pero con honestidad.
1) El ritmo: España no corre como yo corría
Yo venía con ese chip de "hacer, resolver, avanzar". Y aquí, muchas veces, la vida se toma con otra cadencia. Al principio lo interpreté como lentitud. Después entendí que era otra prioridad: más pausa, más conversación, más disfrute del momento.
Lo que me ayudó: dejar de pelear con el ritmo y empezar a diseñar el mío. No copiar el de nadie.
2) La socialización: amable, sí… pero diferente
Algo que aprendí es que puedes sentirte rodeada de gente y, aun así, sentirte sola. La gente puede ser cálida, pero eso no significa que la amistad se construya rápido. Cada cultura tiene sus "puertas" y sus tiempos.
Lo que me ayudó: repetición. Ir al mismo lugar, a la misma clase, al mismo café. La constancia crea familiaridad.
3) La forma de comunicarse: lo directo puede sonar distinto
En algunos momentos sentí que la gente era muy frontal. Otras veces sentí lo contrario: que se decía mucho entre líneas. Me costó saber cuándo algo era "normal" y cuándo era "personal".
Lo que me ayudó: preguntar sin vergüenza y asumir menos. Muchas confusiones se
resuelven con una frase simple:
"¿Esto significa…?" "¿Te refieres a…?"
4) La nostalgia: aparece donde menos lo esperas
No siempre llega con tristeza. A veces llega con comida, con música, con una frase, con un olor. Y ahí te das cuenta: migrar también es duelo. Aunque estés agradecida.
Lo que me ayudó: permitirme sentir sin justificarme. No todo lo que duele significa que elegiste mal.
5) El "nuevo yo": adaptarte sin perderte
Adaptarse no es borrarte. Es aprender el sistema sin dejar tu esencia. Eso a mí me tomó tiempo. Porque a veces, por encajar, una se apaga.
Lo que me ayudó fue volver a mis pilares: comida, equilibrio, movimiento, escritura, comunidad. Eso me aterriza.
Mini lista: 6 cosas que me ayudaron de verdad
- Hacer una rutina mínima (aunque sea pequeña)
- Mover el cuerpo (caminar, nadar, salir al sol)
- Tener un lugar "seguro" (un café, una biblioteca, un parque)
- Hablar con otras migrantes (te cambia la vida)
- Crear contenido desde lo real (no desde la perfección)
- Recordar: "Estoy aprendiendo, no fallando"
